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Dos meses con el iPhone X: lo bueno es mejor, lo malo es peor y lo regular sigue igual

Llevo dos meses (semana arriba, semana abajo) con el iPhone X.Complementario a nuestra reseña del dispositivo, estas conclusiones más reposadas nacen de la experiencia diaria y de la observación de todos esos matices que, inevitablemente, cambian con el paso del tiempo. Son los siguientes:

Bueno

  • FaceID: Estoy convencido de que cuando cualquier persona dentro de 10 años recuerde su “viejo” iPhone X lo recordará por FaceID. FaceID no solo es la tecnología que define el iPhone X como producto, como teléfono, es la que condiciona gran parte de la experiencia. De un mes a esta parte, mi experiencia desbloqueando la pantalla es tan natural que a menudo paso días sin acordarme que el teléfono tiene un bloqueo de seguridad. El famoso “simplemente funciona” de Apple llevado a su más glorioso extremo. No es perfecto, y no ha conseguido que deje de echar de menos completamente a TouchID pero, considerando todos los aspectos, me parece un tremendo salto hacia delante (y no hacia atrás, como me temía al principio).
  • La pantalla: La pantalla es otro elemento del iPhone X beneficiado enormemente de ese “simplemente funciona”. Aunque en un primer momento no me pareció tan impresionante como la de otros terminales como el Galaxy Note 8 o el Galaxy S8, a Apple he de reconocerle la consistencia en una extensa variedad de situaciones durante estos dos meses. Los colores se ven mejor (y no tan saturados, como es el caso de Samsung) consistentemente y sin importar las condiciones de luz, el brillo automático está infinitamente mejor afinado y considero, a nivel general, que el trabajo de calibrado de Apple con la pantalla es simplemente fantástico.
  • Cámara: la cámara siempre ha sido uno de los puntos fuertes de cualquier iPhone y el X no es una excepción. De manera similar a como ocurre con la pantalla (y con anteriores modelos de iPhone que he probado), la cámara me encanta porque es consistentemente buena. Lo único que tengo que hacer con ella para obtener fotos fantásticas es simplemente apuntar y disparar. Con buena o mala iluminación, con el sujeto en movimiento o no, con contraluz o sin contraluz… la foto sale genial en el 99% de las veces. He notado, eso sí, que en ocasiones se atasca un poco con el enfoque. He podido corroborar con otros compañeros de profesión y amigos que, efectivamente, también les sucede a ellos ocasionalmente aunque no llega a suponer un problema, simplemente ocurre. Imagino que Apple lo solucionará en una futura versión de iOS.
  • Tamaño: El diseño y el tamaño del iPhone X me atraen porque, por un lado, pone una pantalla de 5,8 pulgadas en mis manos sin sacrificar absurdamente las dimensiones. Me encantaba el iPhone Plus, pero sus proporciones descomunales suponían a menudo un compromiso: una pantalla grande, sí, pero a costa de llevar un mamotreto en el bolsillo. Aunque ya corren rumores de que el año que viene veremos un iPhone X con una pantalla aun más grande y las dimensiones del Plus, al de este año le aprecio que haya sabido darme un buen tamaño sin sacrificar la usabilidad.
  • El Notch/Ceja: lo pongo en “Bueno” porque si no tendría que crear un apartado para él: “Invisible”. Te acostumbras a los dos minutos y tu cerebro aprende a obviarlo automáticamente. Dos meses después, mis impresiones se acercan más a la de “detalle curioso de diseño que le da personalidad al dispositivo” que a “molestia”.

Regular

  • Batería: No es mala, ni mucho menos, pero tampoco es fantástica. En mi caso, y después de dos meses, he notado un ligero paso atrás con respecto a lo que tenía con el iPhone 8 Plus. Entiendo que no es fácil multiplicar las funciones y características técnicas de un teléfono (como ocurre con el iPhone X) sin sacrificar también parte de la batería, pero para mí, y como apreciación personal, una batería que dure 48 horas con un uso medio/alto sigue siendo la gran asignatura pendiente de cualquier fabricante de smartphones actual.
  • Animojis: Los animojis son geniales, y eso es bueno, pero están recluidos en iMessage, una plataforma de mensajería que apenas uso porque no es compatible con Android, donde se encuentran un buen número de amigos y familiares. Exportar un vídeo grabado con animojis es un proceso tan molesto (grabarlo, enviártelo a ti mismo, mantener pulsado sobre él y descargarlo al carrete) que por mucho que me parezcan geniales su uso ha quedado en mi caso relegado a un lugar secundario. Hacen falta más aplicaciones de terceros, y más animojis, para explotarlos a fondo. Una oficial de Apple tampoco estaría nada mal.
  • Retratos frontales: Con los retratos frontales me pasa lo contrario que con la cámara. Si de esta última aprecio su consistencia, su capacidad para sacar buenas fotos en una variedad casi infinita de situaciones, en el caso del modo retrato con la cámara frontal los resultados son simplemente demasiado aleatorios. A veces lo clava y la foto es impresionante, otras veces deja mis orejas en un borroso segundo plano y otras decide traer al frente con perfecta nitidez un objeto random del fondo. Al final, el patrón de uso desemboca en algo similar a los animojis: no es una experiencia de uso mala, per se, pero como es tan variable al final acabo por no usarla o por usarla muy poco por ahorrarme ahorrarme la irritación en caso de que falle. Necesita mejorar.
  • Soporte de aplicaciones: Esto se ha ido resolviendo gradualmente en los últimos dos meses y continuará haciéndolo en los siguientes, pero la situación real a día de hoy es que todavía siguen habiendo aplicaciones que, directamente, no están bien adaptadas. En mi caso, Twitch, Hearthstone y TomTom son mis tres ejemplos más flagrantes, pero hay bastantes más. Ah, y bugs, demasiados bugs.

Malo

  • Agarre: Creo que el X es uno de los teléfonos más bonitos que Apple ha hecho, pero el cristal de la trasera y la frontal me ponen inusitadamente nervioso. Como sucede cuando manejas algo frágil y extremadamente caro, cada vez que utilizo el iPhone X sin funda siento que se me va a escurrir entre los dedos en cualquier momento. Se me ha caído una vez, con funda afortunadamente, y la experiencia estuvo a punto de desembocar en un infarto. Teniendo en cuenta que reparar la pantalla cuesta cerca de $300 (un tercio del valor del dispositivo) si no tienes Apple Care, llevarlo alegremente sin funda es apto solo para necios o para aquellos que no tengan problema en desembolsar 1000 dólares por un teléfono.
  • Control Center: No me acostumbro. Pensé que me pasaría algo similar al notch/ceja y que después de un tiempo con el dispositivo me acostumbraría a lanzar el Control Center desde ahí, pero no ha ocurrido. Supongo que tiene que ver con las dimensiones del teléfono y el hecho de estirar el pulgar hasta la parte de arriba no es imposible pero si un esfuerzo extra de estiramiento dedil.
  • Los bugs de iOS 11: con iOS 9 dijimos “iOS sigue siendo tan bueno como siempre pero los bugs comienzan a ser demasiado frecuentes, necesita mejorar” con iOS 10 “la cantidad de bugs en iOS 1o comienza a ser preocupante” y con iOS 11 la cosa está llegando a su punto crítico. Luego mejora, siempre mejora con el transcurso del año hasta la siguiente versión, pero de momento mi experiencia con iOS tiene demasiadas sombras entre todas las luces (que, por supuesto, las sigue habiendo). Es un aspecto, además, especialmente grave dado el hecho que durante años iOS fue un sistema con un rendimiento y un pulido general excelentes. A menudo echo de menos esos días.

Mi balance general, claroscuros aparte, sigue siendo que el iPhone X es un teléfono estupendo y uno en el que, junto al Galaxy Note 8, merece la pena dejarse 1000 dólares si los tienes. Por el camino, como siempre, hay una larga lista de cosas que Apple ha de mejorar, afinar y, en su justa medida, revolucionar. Lo veremos en 2018.

 

Fuente: Gizmodo